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"Solo con una investigación de calidad podremos resolver este puzle"

2020-05-03 23:55:00

El Dr. Pérez Martínez es Director Científico del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC), catedrático de Medicina de la Universidad de Córdoba y especialista de Medicina Interna del Hospital Universitario Reina Sofía. Además coordinador de investigación de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) y del grupo de Nutrición y Estilo de Vida de la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA).

En estos momentos, ¿considera importante la unión entre los distintos centros de investigación?

Considero que el coronavirus es el “puzle” más complejo, al que nuestra generación se ha enfrentado, como profesionales de la salud. Por ello, si queremos resolverlo de forma exitosa y en poco tiempo, tenemos que aunar fuerzas, y ahí es fundamental coordinar toda la investigación. El modelo del IMIBIC, como instituto de investigación de excelencia, bajo el paraguas del Instituto de Salud Carlos III, es ideal para vertebrar esta coordinación y de hecho ya tenemos ejemplos concretos, como es la participación en potentes registros nacionales e internacionales, que  nos permitirán generar conocimiento para orientar la toma de decisiones del médico y dar una mejor respuesta a nuestros pacientes.

Como director científico de un Instituto de Investigación Sanitaria, cuéntenos qué papel está jugando en esta crisis.

Me gustaría destacar dos de las iniciativas en las que estamos implicados desde el Instituto. Por un lado, gracias a la colaboración estrecha entre nuestros investigadores clínicos y fundamentales, en el ámbito del manejo de la enfermedad, se han diseñado varios ensayos clínicos con el objetivo de buscar soluciones que nos permitan reducir las complicaciones y la tasa de mortalidad de los pacientes infectados por Covid-19. Asimismo, pretendemos identificar marcadores biológicos que permitan conocer la evolución de la enfermedad para intentar anticiparnos a las consecuencias del virus. También me gustaría destacar nuestra colaboración con otros institutos de investigación, en proyectos dirigidos a prevenir la infección del virus en las personas de edad avanzada que se encuentran en residencias de mayores, ya que somos muy sensibles al grave problema médico de estas poblaciones.

Por otro lado, desde nuestra unidad de innovación tecnológica, se ha trabajado en el diseño de material de protección para personal sanitario. Mediante impresión 3D se han desarrollado pantallas de protección facial, tubos para respiradores y mamparas de protección para quirófano. Por lo tanto, gracias a la innovación se ha dado una respuesta rápida a la alta demanda de recursos que exigía la situación, tanto en los hospitales y centros de salud.

¿Qué interacción hay entre la investigación que se está haciendo y la asistencia clínica?

Desde el primer momento establecimos una estrategia de estrecha colaboración con la gerencia del Hospital Universitario Reina Sofía, y que rápidamente se ha hecho extensiva al resto de centros sanitarios, dando grandes frutos. Nuestro objetivo es dar respuesta con la investigación a los diferentes problemas que van surgiendo en una crisis de esta magnitud. Esta unión entre las instituciones ha puesto una vez más en relieve el éxito de este modelo de instituto como el IMIBIC, bajo el paraguas la Consejería de Salud y a la Universidad de Córdoba.

Como internista y experto en nutrición, ¿cree que las personas con sobrepeso tienen peor pronóstico de coronavirus?

Tenemos evidencias de que las principales comorbilidades que acompañan a la enfermedad son la hipertensión arterial, la diabetes y la obesidad. Además, sabemos que un mal control de la diabetes o el hecho de presentar obesidad va a influir en un peor pronóstico y un mayor riesgo de mortalidad. Estamos empezando a desentrañar cual es la conexión entre el virus y nuestro sistema endocrino, y sabemos que ciertas señales, especialmente la inflamación, juegan un papel fundamental en el pronóstico. Esto implica, que ahora más que nunca, debemos ser exquisitos en el control de nuestros factores de riesgo cardiovascular, incluyendo el peso.

Debido al confinamiento, estudios de consumo de las grandes superficies demuestran un aumento considerable en la compra de alimentos azucarados y de alcohol. ¿Qué opinión tiene de esto?

Desafortunadamente empezamos a tener datos de que los productos más consumidos en esta época no son precisamente los más saludables y, de hecho, ya se ha puesto en evidencia que se ha producido un incremento del peso corporal de la población de al menos el 5%. Este hecho es importante porque en línea con la pregunta anterior, sabemos que la nutrición adecuada y la actividad física son las armas más poderosas para la prevención de las enfermedades crónicas que, siendo muy prevalentes en la sociedad actual, ahora empeorarán con el confinamiento. Por ello, como he comentado anteriormente, es fundamental controlar el peso para que el virus sea menos dañino y pare ello debemos de realizar una alimentación en la que abunden los productos de origen vegetal, con frutas, vegetales variados, legumbres, cereales integrales, y solo pequeñas cantidades de proteínas animales. Del mismo modo, los ultraprocesados, cárnicos o no, y la gran mayoría de los precocinados, contienen productos como azúcar añadido o grasas trans y deben estar alejados de nuestra dieta. Pero además, esta misma alimentación nos evitará el empeoramiento de la salud de la población, por lo que debemos asumir una rutina que incluya las medidas antes comentadas, comer bien y hacer ejercicio diario. Es importante que desde estructuras como el Ciber Obesidad y Nutrición, (CIBEROBN) se siga investigando el papel que juega la alimentación en la salud.

¿Considera que el modelo asistencial se modificará a raíz de esta crisis?

De esta crisis también vamos a extraer modelos que pueden modificar la asistencia que hasta ahora veníamos realizando en nuestros hospitales. De hecho, los momentos de crisis permiten avanzar implementando medidas que en épocas de confortabilidad no nos decidimos a asumir. Ya sabíamos que parte de la actividad asistencial puede llevarse a cabo con servicios de telemedicina, utilizando herramientas virtuales que cumplan con el estándar de máxima calidad y que sean eficientes para el sistema sanitario y beneficioso para nuestros pacientes (ahorrando desplazamientos innecesarios, esperas, etc). Ahora las estamos implementando y con satisfacción vemos que merecerá la pena seguir trabajando en esta línea en el futuro.

¿Va a cambiar entonces la forma de relacionarse?

Claramente sí. A corto plazo tendremos que promover medidas de distanciamiento social, al menos hasta que se produzca la inmunización de la población y seamos capaces de desarrollar medidas de prevención contra el virus. También, tendremos que grabar en nuestro ADN ciertas costumbres que estamos poco a poco asimilando y que han llegado para quedarse, como son la higiene de manos, mantener la distancia social, o la protección con mascarillas cuando se tenga un proceso respiratorio.  Esto debe de ir acompañado de la sensibilización por parte de las empresas e instituciones que deben promoverlo activamente. Pero además, hay que cambiar la forma de relacionarnos con el medio ambiente. Está claro que el exceso de polución, junto con la lacra del tabaquismo, están íntimamente relacionados con los procesos respiratorios, y estos pacientes son más susceptibles a tener complicaciones por el virus. Esta crisis también nos sirve para darnos cuenta del gran daño que le estamos haciendo al planeta, y esto se vuelve en contra de nuestra salud. 

¿Cómo ve la relación entre la ciencia y la comunicación que se hace al grueso de la población?La colaboración de la sociedad quedándose en casa y cumpliendo las normas de distanciamiento social está siendo fundamental, y esto supone que la relación entre la ciencia y la sociedad ha de ser fluida y de calidad. En este sentido, estamos trabajando desde el IMIBIC en un estudio cuyo objetivo es analizar la calidad y forma de comunicación de todo el conocimiento que se va generando y que permitan una correcta difusión de la información científica, que sea entendible para todos los públicos en tiempos de crisis sanitaria, evitando la propagación de noticias falsas, no contrastadas o sin rigor científico. De hecho, la forma de manejar la comunicación es un arma de doble filo ya que, incluso para el buen manejo de la enfermedad, ciertas noticias “fake” pueden ser perjudiciales para la población y especialmente para los enfermos.

Y por último doctor, como sociedad, ¿qué tendríamos que hacer para prevenir una nueva crisis pandémica?

Probablemente no podremos prevenirla, pero si evitar que nos sorprenda de nuevo. Por ello tenemos que aprender a prepararnos para ese futuro incierto, dotándonos de una estructura organizativa y de recursos que alivien el impacto sobre la salud de esas posibles nuevas pandemias. Esa preparación supone tanto mejorar los recursos sanitarios como  tomarse en serio la importancia de la investigación. Esta última que ser reconocida como una de las piezas capitales de ese escudo para el futuro, revirtiendo la historia desafortunada de abandono en inversiones de nuestro país, dotándonos de recursos suficientes, siempre bajo las premisas de la excelencia y la traslación al entorno sanitario. En esta estrategia es clave la labor de los centros que están mas próximos a las personas, los institutos de investigación sanitaria, como el IMIBIC. Me gustaría concluir diciendo que esta crisis nos ha demostrado que la investigación es vida y la vida es lo que importa.