El ABC. es publica: La UCO alerta de la «preocupante» fuga de los «mejores» talentos

Autor aruiz

Las causas están en la falta de mecanismos para estabilizar a los investigadores y en un futuro nada esperanzador para trabajar

La fuga de cerebros es ya una realidad en la Universidad de Córdoba (UCO). Los mejores se marchan al extranjero a investigar y a trabajar porque el panorama es desolador. El vicerrector de Política Científica y Campus de Excelencia de la UCO, Justo Castaño Fuentes, califica la situación de «preocupante», puesto que «estamos perdiendo talentos para nuestra comunidad científica, que enriquezcan con el conocimiento adquirido a lo largo de años la institución académica y los centros de investigación con que contamos».

Los casos se van incrementando y todos responden a un mismo perfil: Personas con una edad que ronda los cuarenta años, una excelente carrera científica, en su periodo investigador más productivo y muy valorados en el extranjero, donde les ofrecen «fondos económicos, medios y espacio para investigar y una proyección de futuro incomparable con lo que aquí podemos ofrecer», destaca Cataño.

El ejemplo más significativo es el Programa Ramón y Cajal de acceso de investigadores de alto nivel al sistema de Ciencia. Toda una generación de científicos que salieron del país para formarse en el extranjero y que regresan con excelentes currículos y no pueden estabilizar su situación profesional, con lo que optan por salir de nuevo de España hacia otros países que le ofrecen mejores perspectivas para desarrollar su trabajo. Por lo tanto, huyen desolados al cerrarse la puerta para continuar la investigación en su ciudad o, al menos, en otro punto geográfico de su país.

Justo Pastor explica cómo en 2012 «las personas de este programa que cuentan con una certificación de su trayectoria por entidades evaluadoras oficiales para acceder a un puesto estable no han podido hacerlo por la falta de convocatoria para opositar y conseguir una plaza». Esta situación ha afectado este año en la UCO a «al menos dos investigadores del programa Ramón y Cajal que se han quedado sin contrato y en la calle», lo que sin duda provoca «frustración y malestar entre el colectivo de científicos, puesto que se trata de personas con el grado máximo en investigación y excelencia».

La dificultad no recae sólo en la crisis económica que atraviesa el país, que impide convocar oposiciones y, por tanto, nuevo contratos, sino que, a juicio del vicerrector de Política Científica de la universidad cordobesa, el grave problema está en que «no existe un mecanismo real por parte de los ministerios de Economía y Educación para establecer un puente entre la figura del investigador Ramón y Cajal y el profesor de universidad, para que cuando finalicen dicho programa pasen a convertirse en profesores titulares».

El circuito del investigador

Esta situación provoca que estos investigadores «puedan acreditar su formación, pero no hay figura que obligue a la UCO a quedarse con ellos como parte de los profesores de su plantilla». El responsable universitario lamenta que el sistema actual de contratación «sólo permite crear plazas en la Universidad para responder a necesidades docentes, pero no para investigación».

Justo Pastor explica que ha cambiado el circuito natural de un investigador. Así, si antes lo habitual era hacer las tesis, viajar al extranjero y tras años de trabajo volver a la UCO a través de programas o becas de reincorporación, ahora los que se marcharon al extranjero se quedan allí con condiciones de trabajo excelentes y los licenciados con intenciones de seguir su carrera en la investigación y que cuentan con los mejores expedientes «ya no hacen la tesis en la Universidad de Córdoba, sino que directamente deciden realizarla en el extranjero y, en su mayoría, optan por estabilizarse laboralmente allí».

Los países que demandan investigadores procedentes de la institución cordobesa son alemanes, británicos, estadounidenses y suizos. En opinión del vicerrector, «es una auténtica pena que para el sistema actual en España estas personas no sean una prioridad y que otros países sí aprecien su trabajo y los demanden ofreciéndoles buenos puestos, estabilidad, reconocimiento a su labor, muy buenos sueldos y, por supuesto, una gran proyección de futuro».

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