Entrevista al Dr. Manuel Tena : “Corremos el riesgo de perder toda una generación de investigadores”

Autor aruiz

Reconoce que dirigir su carrera profesional a la investigación básica en la biomedicina se debió “probablemente a una combinación de vocación y oportunidad” y que desde sus primeros cursos de estudiante de Medicina siempre le interesó el mundo de la investigación. Manuel Tena-Sempere compagina su puesto como catedrático de la Universidad de Córdoba con la subdirección del Instituto de Investigación Biomédica Maimónides.

-Dada la actual situación financiera y los recortes, ¿cree que es un mal momento para dedicarse al mundo investigación?

-Lamentablemente, no creo que sea un buen momento para ninguna actividad profesional o económica en nuestro país y la investigación no escapa a esta coyuntura general. En todo caso, creo que es importante hacer hincapié en que los investigadores, especialmente los bien formados, tienen un mercado laboral globalizado que les permite acceder a puestos de trabajo a escala internacional, lo que hace que sus salidas profesionales sean más diversas, y en cierta medida, más seguras, que las de otros muchos colectivos. Dicho esto, las expectativas profesionales de un investigador joven en España, en el momento actual, son muy sombrías, y como sociedad, nuestro reto debería ser conseguir integrar, tanto en el ámbito público como privado, a un número notablemente mayor de investigadores bien formados. Esto permitiría definir lo que llamamos una carrera profesional investigadora que haría más atractiva la investigación como opción de trabajo entre nuestros universitarios.

-Los rectores emitieron el pasado 10 de diciembre un manifiesto conjunto en el que denuncian que los recortes van a acabar con los proyectos de investigación y critican el hecho de que la financiación pública en I+D+i caigan a niveles de 2005. ¿Tiene esto solución?

-Me temo que no hay soluciones mágicas, aunque como punto de arranque es esencial definir desde el punto de vista político que una de nuestras prioridades de inversión, como sociedad, es la investigación. Dicho esto, es igualmente evidente que es necesario asegurar un marco económico que asegure la sostenibilidad de la inversión en ciencia, que no debería estar sometida a vaivenes o fluctuaciones que resten eficacia a las inversiones realizadas. Invertir hoy mucho para invertir muy poco mañana pone en riesgo la apuesta global por la ciencia, ya que necesita de apoyos a largo plazo. Por otra parte, creo que en esa tarea de definir prioridades y estabilizar el marco económico con el que asegurar el futuro de la investigación deben participar todas las administraciones con competencia en ello.

-¿Cree que las medidas que está llevando a cabo el Gobierno central hipotecan el futuro de la ciencia?

-Como decía, la coyuntura económica es muy adversa y se impone un criterio unificado de priorización a largo plazo de la investigación, como motor de cambio de nuestra sociedad y nuestra economía. Es evidente que sin apoyo económico no se puede hacer investigación de calidad y que sin investigación de calidad nuestra expectativa de futuro es mucho más negativa. La apuesta de las administraciones públicas por la investigación debe ser decidida, ya que la inversión en ciencia y en educación superior siempre tiene un retorno, también económico, muy elevado. Además, la inversión pública podría actuar como polo de atracción de otros fondos (por ejemplo, de fundaciones y compañías privadas) que los investigadores también debemos buscar en la medida de nuestras posibilidades. En todo caso, sin un marco público estable y de apoyo decidido difícilmente podremos potenciar una ciencia integral y de calidad en nuestro país. Y de nuevo, este es un esfuerzo conjunto en el que deben implicarse todas las administraciones.

-En la celebración de la Noche de los Investigadores aseguró que “consolidar un equipo de investigación tiene un trabajo de 15 años; destruirlo apenas dos años”. ¿Sigue defendiendo este argumento? ¿Existe alguna posibilidad de cambiar esta tendencia?

-Sostengo totalmente ese argumento. Más allá de los plazos, que pueden variar de unos grupos a otros, lo que es incuestionable es que cuesta mucho más tiempo formar un grupo consolidado que desmantelarlo. La investigación es una actividad que tarda tiempo en materializarse; más tiempo aún se necesita para cristalizar y consolidar un grupo, en el que el conocimiento y la experiencia son imprescindibles para cimentar un equipo competitivo a nivel internacional. Sin fondos con los que asegurar la captación de talento, la contratación de profesionales bien formados y la adquisición de los medios para realizar los estudios difícilmente un grupo puede mantenerse en un puesto de relevancia en el ámbito internacional por mucho tiempo. Y el problema es que muchos grupos están ya apurando ese tiempo de prórroga.

-¿Recomendaría a las nuevas generaciones que se dedicaran de pleno a esto mundo?, ¿qué salidas profesionales les aconsejería que tomaran?

-A pesar del entorno tan complejo al que nos enfrentamos, creo que dedicarse a la investigación es un reto estimulante al que animo a dedicarse a todas las personas vocacionalmente atraídas por la ciencia. En todo caso, y aunque la vocación en un científico es algo esencial, creo que como país no deberíamos fiarlo todo al voluntarismo o la vocación. Si queremos ser competitivos en ciencia no podemos fiarlo todo a que los investigadores sacrifiquen su estabilidad y su desarrollo profesional por el gusto por hacer ciencia. El reto es conseguir un sistema que permita que los mejores puedan hacer ciencia de calidad en un entorno estable. Y no olvido aquí el importante papel que la iniciativa privada tiene en otros países, donde actúan como importantes empleadores de personal investigador bien formado, como el que actualmente exporta nuestro país.

-El mundo de la ciencia no ofrece resultados a corto plazo, ¿cómo se logra enganchar a los más jóvenes?, ¿cómo se consigue mantener el propósito final de cada investigación sin desmotivarse?

-Como antes decía, hay un importante componente vocacional que es esencial a la hora de dedicarse a la carrera investigadora y que es responsable de los esfuerzos de muchos investigadores, jóvenes y no tan jóvenes, que luchan frente a un entorno profesional complicado, en muchas ocasiones adverso, para mantenerse y progresar en este mundo. La investigación es una de las carreras más estimulantes, pero los estímulos que ofrece, al menos en el ámbito académico, no son principalmente económicos sino intelectuales. Esto ayuda a seleccionar a los investigadores de mayor vocación.

-Dada la escasez de fondos públicos a los que puede acceder la universidad, el rector de la UCO, José Manuel Roldán Nogueras, insiste en la necesidad de aumentar las relaciones con el sector empresarial. ¿Cómo afectaría al campo de la investigación?

-En este campo se ha producido un cambio muy sustancial en los últimos 20 años. Hace décadas se pensaba que la investigación académica no debía “contaminarse” de la influencia empresarial, sino que debería obedecer al único interés marcado por el investigador. Hoy somos conscientes de que investigamos para el progreso de la ciencia, pero también para satisfacer las necesidades de la sociedad, que paga nuestro trabajo. Y sin que ello signifique que solo debemos investigar en temas muy aplicados, sí implica que debemos estar atentos a las posibilidades de explotación que nuestro conocimiento pueda generar. Yo soy un científico básico y defiendo la importancia de la investigación básica como motor de generación de conocimiento. Pero igualmente soy consciente que probablemente deberemos evolucionar a un modelo de interacción más estrecha con las empresas, que nos permita buscar un mayor rendimiento de algunos de los trabajos de investigación que realizamos. Y que esto sea, además, base para la financiación de parte de nuestro trabajo.

-¿Cree que el mundo empresarial condiciona la investigación?, ¿hasta qué punto?

-Yo creo que una interacción basada en el interés mutuo del grupo de investigación y la empresa no tiene que condicionar la actividad investigadora; más bien al contrario, puede ser muy enriquecedora para ambas partes. Las empresas que invierten en I+D+i también lo hacen en personal investigador y contribuyen a fomentar la cultura científica, mientras que la interacción con empresas sólidas ayuda a los grupos de investigación a multiplicar sus opciones de retorno. Dicho esto, creo que tienen que ser los grupos los que marquen sus estrategias de alianzas con las empresas y no a la inversa, asegurando de esta manera que el principal criterio sea la generación de ciencia de calidad, tanto básica como aplicada.

-Usted desarrolló parte de su carrera profesional en el extranjero hasta que regresó a Córdoba, ¿es el único camino que queda para los jóvenes investigadores?

-Creo que desarrollar una parte de la formación como investigador en el extranjero es una ventaja considerable, ya que te permite conocer distintos grupos y modos de trabajo, y amplía tus horizontes como científico. Es una tradición muy consolidada en España y aún en épocas de bonanza, siempre he recomendado esa formación en centros de excelencia internacional. Lo preocupante no es que ésta sea una opción formativa -que considero positiva-, sino que pueda llegar a ser en un futuro muy próximo -si no lo es ya- la única opción de supervivencia para muchos investigadores. Esa fuga de cerebros, entendida como pérdida de personal bien formado y que no puede consolidarse en nuestro sistema de ciencia, ha sido un mal endémico en nuestro país y es necesario que se frene, o corremos el riesgo -que es ya evidente- de perder toda una generación de investigadores que aun queriendo volver o quedarse, no tienen más remedio que emigrar en busca de entornos más favorables.

-Su carrera profesional se centra en la investigación básica de Biomedicina y una de sus áreas de trabajo es la Neuroendocrinología. ¿Cuáles son los principales problemas de origen neuroendocrinólogo que afectan a la sociedad actual?

-La Neuroendocrinología, como disciplina que estudia las interacciones entre diversos sistemas hormonales y el cerebro en el control de muy diversas funciones corporales, está también en la base de numerosos problemas de salud que nos afectan, y que van desde alteraciones del crecimiento, del metabolismo y del peso corporal, hasta problemas de la pubertad y de la función reproductora. Por otra parte, muchos de los problemas de base neuroendocrina resultan de una interacción alterada con factores ambientales, que perturban el correcto funcionamiento de diversos sistemas neurohormonales.

-Además de liderar su equipo de investigación también es subdirector del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica (Imibic), ¿qué papel juega este centro en el sector científico?

-El Imibic es un proyecto ilusionante que puede ser uno de los grandes dinamizadores de la investigación biomédica no sólo en Córdoba, sino en Andalucía y España. El momento es obviamente difícil, pero iniciativas como el Imibic posibilitan una mayor aglutinación de esfuerzos y recursos, y nos pueden permitir mantener un nivel alto de competitividad. Confío que el Imibic nos ayude a consolidar la investigación biomédica de calidad que se hace en nuestra ciudad.

-El Imibic celebró la semana pasada la II Lección Conmemorativa Maimónides. Su máximo responsable, Francisco Pérez-Jiménez, reconoció que hasta la fecha el centro no lo está pasando mal y que cuenta con fondos suficientes hasta dentro de dos años. ¿Qué pasará cuando se cumpla este plazo? Es decir, si se acaba la financiación, ¿cómo seguirán adelante los proyectos de investigación?

-El doctor Pérez-Jiménez hizo referencia en su intervención al hecho de que gracias a la obtención de fondos competitivos de diversas fuentes y al apoyo de las instituciones involucradas, el Imibic no ha sufrido hasta la fecha una crisis tan intensa como otras instituciones de nuestro entorno, aunque el momento es indudablemente difícil para todos, incluido nuestro Instituto. La única forma de asegurar su continuidad y su excelencia es seguir trabajando duro para aumentar la producción del instituto, consiguiendo un mayor volumen de fondos a través de distintas convocatorias, tanto públicas como privadas. Tanto la dirección científica como la gerencia del Imibic están trabajando activamente en la tarea de multiplicar los recursos, haciendo el instituto viable desde el punto de vista económico y más productivo desde el punto de vista científico.

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