Entrevista con Joan Camprodón. Director del Servicio de Estimulación Magnética Transcraneal en el Massachusetts General Hospital

Autor IMIBIC

 

Redacción IMIBIC

El Dr. Joan Camprodón es director del Servicio de Estimulación Magnética Transcraneal del Massachusetts General Hospital en Boston (Estados Unidos). Además, lidera el Laboratorio de Neuropsiquiatría y Neuromodulación y es director de Investigación Traslacional en la División de Neuroterapia del Departamento de Psiquiatría del mismo hospital. Ha estado en Córdoba con motivo del Curso de Estimulación Magnética Transcraneal y ha querido charlar con nosotros sobre estimulación y mucho más.

 

-Barcelona-Boston. ¿Cómo llega ahí y por qué empieza a interesarse por la TMS?

Estudié medicina y filosofía y me interesaban preguntas clínicas pero también preguntas más generales y filosóficas. Cuando acabé la carrera en Berlín me interesaba saber cómo se integraban las dos. Decidí que deseaba explorar las neurociencias y entender cómo desde ahí se podían plantear preguntas sobre cómo conocemos, nos comportamos, etc. Son preguntas que tradicionalmente estaban más enmarcadas en contextos filosóficos pero quería aproximarme a ellas desde un punto de vista más científico.

Empecé a hacer experimentos en un laboratorio de neuroimagen y de allí salté a Boston para hacer un doctorado y busqué varios centros y el que más me convenció fue el del Dr. Pascual-Leone. Allí se planteaban preguntas con herramientas de neuroestimulación. Aunque siempre la herramienta está al servicio de la pregunta científica y no tanto debemos forzar preguntas que puedas responder con herramientas.

Obviamente, hay herramientas con las que llegas a trabajar mucho y además te conocen por tu trabajo con ellas. De este modo, te empiezan a interesar preguntas más técnicas, por ejemplo, cómo manipular parámetros para conseguir mejores resultados en la clínica y en la investigación. Pero siempre teniendo claro el fondo, es decir, qué pregunta quieres resolver y qué herramientas necesitas para hacerlo.

-Plasticidad neuronal, conectividad y neurorrehabilitación. Tres conceptos muy frecuentes cuando se habla de esta técnica. ¿Cómo se relacionan y qué papel juega la TMS en esa relación?

La conectividad es qué patrones de conexión hay entre diferentes tipos de neuronas, cómo se forma un circuito. La plasticidad es cómo este circuito es capaz de cambiar, bien sea para adaptarse al medio ambiente o bien sea en un proceso de enfermedad. Hay enfermedades que inducen procesos plásticos que son negativos, que son patológicos, no adaptativos y ahí está la génesis de la enfermedad.

Las diferentes técnicas de neuroestimulación intentan modular esta conectividad y utilizar esa plasticidad inherente al sistema para reconducirla, inducir conectividad adaptativa y  así volver a una conectividad más sana, a un equilibrio más funcional.

-Actualmente, los resultados de la estimulación cerebral con TMS en casos de depresión son muy buenos pero también puede tener otras aplicaciones. ¿En qué campo cree que esta técnica puede ayudar más como herramienta terapéutica?

Cualquier enfermedad que uno pueda formular como un patrón de conectividad alterada es una enfermedad que potencialmente podría tratarse con estimulación. Si entendemos cuál es el potencial de conectividad sana y cómo cambia, podemos plantear la opción de canalizar ese cambio de forma inversa  a través de la estimulación. Por tanto, el campo es ancho. Ahora bien, el problema es entender esos circuitos, sus propiedades más básicas (anatomía, fisiología, función, estructura…) y entender cómo cambian y en qué dirección en estados patológicos concretos.

No es lo mismo, por ejemplo, alguien que tiene problemas de atención después de sufrir un traumatismo, que alguien que tiene déficit de atención porque tiene una demencia o alguien que tiene problemas de atención porque sufre trastornos de atención e hiperactividad. Todos tienen un problema en el mismo circuito pero por vías diferentes. Ahora bien, potencialmente, para todos ellos se podría plantear el uso de estimulación para revertir esos cambios negativos en el circuito y facilitar la plasticidad adaptativa.

Tanto en el  campo de la neurología, como en el de la psiquiatría tradicional y el de rehabilitación hay aplicaciones porque todas las enfermedades pueden conceptualizarse como enfermedades de plasticidad mal adaptativa en circuitos concretos.

Esto también implica que las fronteras entre la psiquiatría y la neurología cada vez son más difusas. Es más difícil determinar dónde está línea que separa a la una de la otra. Son circuitos distintos pero son los mismos procesos.

-Además de rehabilitación cognitiva, sus estudios también han utilizado la TMS para conocer  mejor la forma en la que los sujetos procesan la información moral. En concreto, han conseguido alterar la manera en la que los sujetos realizan juicios morales. ¿Cree que en un futuro este potencial de la TMS puede plantearse como negativo?

Es un debate complicado. La estimulación puede tener aplicaciones terapéuticas muy útiles beneficiosas para la sociedad y puede ayudar a entender preguntas antropológicas muy importantes que nos ayuden a progresar como especie. Pero sin duda un mal uso puede llevar a que sea utilizada como estrategia de control, como estrategia de anulación, como estrategia de esclavización. Tenemos que tener muy presente esto como científicos y como ciudadanos.

Hay que entender bien el sistema, desarrollarlo, ser consciente de las aplicaciones potenciales y ser beligerante contra el mal uso. Y los límites que se pongan deben provenir de la ciencia y de la sociedad.

-Si algo tan íntimo y personal como el pensamiento moral puede explicarse en términos materiales, ¿podemos concluir que todo es físico y nada es abstracto?

Todo se basa en nuestra forma tradicional de entender el mundo. Uno tiene un estado emocional o un sistema de valores pero eso no quiere decir que no haya un sustento material para ese estado emocional o sistema de valores que pueda explicarse desde el punto de vista de las propiedades de circuitos neuronales. Sin embargo, tampoco quiere decir que porque lo puedas explicar desde esa perspectiva, todo se reduzca simplemente a circuitos neuronales.

Es decir, el hecho de que haya un correlato físico, neurobiológico de esas cualidades tan abstractas no quiere decir que la perspectiva sea únicamente materialista, ya que ese estado emocional tiene un valor en sí mismo más allá de esos principios físicos o biológicos.

En resumen, el problema no viene tanto del fenómeno sino de la manera en la que lo enfocamos. Es decir, como humanos no tenemos la capacidad de medir las propiedades abstractas y al mismo tiempo medir las propiedades más físicas. Es una limitación de las herramientas de medición y no del objeto en sí mismo. Para explicarnos, podemos describir un estado emocional en tanto a las emociones y en tanto a la conectividad cerebral y no tenemos por qué elegir entre una y otra.

Es una limitación epistemológica, una limitación de nuestras herramientas de medir la realidad. No estamos construidos para medir propiedades físicas y metafísicas. Por eso hay una falsa impresión de dualismo pero el dualismo está en la herramienta y no en el objeto que se mide.

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